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miércoles, 24 de agosto de 2011

Betacam

Una de las sorpresas de este agosto fue acabar en un semisótano con olor a moho de La Pozona (a.k.a. Santander) escuchando al hasta entonces desconocido para mí Betacam (y eso que por fuerza habremos coincidido en la barra del Mundo Paralelo más de una vez, a juzgar por su biografía).

Creo que ha sido uno de los conciertos más minimalistas a los que he asistido, con iluminación consistente en esas lámparas de 5 euros del Ikea y un público reducido pero entusiasta. A mí me ganó automáticamente cuando le dedicó una canción al Caminante de Torrelavega.

Así que, aunque abuse de rimas tan poco pulidas como "Si no bebieses whisky con tónica/me casaría contigo, Mónica", me declaro fans desde ya.

jueves, 24 de febrero de 2011

El kinito

Ya es jueves, mañana comienza el fin de semana y yo ya empiezo a intuir esa agradable sensación que a todos nos invade los viernes al fichar "salida" en la oficina. Además, para mí este fin de semana tiene el aliciente especial de retomar esa costumbre cántabra tan legendaria que es el kinito.

Para celebrar sus 32 febreros, Sandra nos ha convocado a un kinito en el que cántabros exiliados, cántabros de adopción y mesetarios profundos pondremos a prueba nuestro límite alcohólico en un bar cuidadosamente elegido del centro de Madrid. Como alguno de los asistentes me ha manifestado su preocupación por las reglas del juego, he creído conveniente recordarlas aquí, de modo que queden como legado para las generaciones futuras.

El objetivo del kinito es conseguir que uno o varios de los participantes (que se suele pactar a sus espaldas antes de dar comienzo al juego) acabe totalmente borracho. Para ello se necesitarán, además de la complicidad de los asistentes, grandes cantidades de alcohol, un vaso por cada jugador, un par de dados y un cubilete. Los jugadores van tirando los dados por turnos de izquierda a derecha, ocultando lo que han sacado; pasarán el cubilete al siguiente jugador, que tendrá que superar el valor manifestado por el anterior jugador (o mentir en el intento).

Puntos de las tiradas:
Kinito: es lo que más vale. Se obtiene con un 2 + 1 (21) o con un 6 + 5 (65).
Parejas: lo siguiente en valor; la que más vale es la pareja de 5 y la que menos la pareja de 2.
Puntos normales: las restantes combinaciones, por ejemplo, 5 + 4, 4 + 3... Aquí la puntuación máxima es un 54 y la mínima un 31 (si no usamos los puntos especiales que veremos a continuación) o un 42 (si los usamos).
Puntos especiales: debido a las muchas variantes de kinito, según bar, región o gusto del consumidor, hay determinadas combinaciones de tiradas que pueden tener un valor especial. Son las siguientes: 3 + 1, 3 + 2, 4 + 1. Su valor y uso se suele pactar justo antes de comenzar el juego.

Para jugar, tiramos los dados, decimos su valor en alto y se los pasamos al siguiente jugador, quien puede creernos e intentar superar el valor de los dados en su tirada o no creernos y levantar el cubilete. Si nos pillan en mentira, bebemos; por el contrario, si hemos dicho la verdad pero no nos han creído, bebe el jugador que ha levantado el cubilete. Y así, hasta el infinito.

Si sacamos un kinito, podemos pasárselo al jugador de la mesa que queramos, no necesariamente al que tenemos a nuestra derecha. Éste podrá beber directamente o intentar sacar otro kinito (en tres tiradas) y pasárnoslo a su vez, para que volvamos a sacar kinito y evitar así beber. Cuando uno de los jugadores no consiga sacar kinito, beberá tantos vasos como se hayan acumulado. Esto es lo que se conoce como contrakinito.

Con las parejas se puede realizar de manera opcional la jugada de "parejas y subiendo". Sería tal que así. Pongamos que has sacado una pareja de treses, pero a tu compañero de la derecha le dices, al pasarle los dados: "Ases, y subiendo". Si él se lo cree, puede a su vez pasarle el cubilete al siguiente sin destapar ni volver a tirar, diciendo :"Doses, y subiendo"; y así hasta que alguien levante el cubilete o llegue al máximo de las parejas: "Seises, y subiendo". Por tanto, cuando se hace esta jugada hay que tener especial cuidado de no llegar a ese límite en el que seguro te van a levantar los dados y hacerte beber.

Estas son las reglas básicas del kinito. No están todas las que son, pero sí son las que están.
Que ustedes se emborrachen bien.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Mucho ojito

Hoy una amiga, soltera y sin hijos como casi todas mis amigas (al menos en cuanto a lo de los hijos), me contaba que al ir ayer a comprar unos gallos para hacer al horno (desde que se mudó a un piso con horno -otro día comentaré el extraño fenómeno que supone conseguir un piso con horno en Madrid- se pasa el día comiendo pescado al horno) y hacerle al pescadero su petición, este le comentó: "¿Qué son, para tu niño?". Aunque seguro que el ánimo del comerciante era única y exclusivamente dar un poco de conversación, no tiene ni idea el individuo de lo mal que le pudo sentar a esta joven treintañera el comentario. Yo lo entiendo totalmente. Debe de ser como cuando un chaval en la calle te trata de usted. Lo mismito.

Pues bien. Comentando este incidente con otra amiga, le he preguntado que qué son los gallos, porque yo no recuerdo haber comido tal pescado en la vida, y ella me ha dicho que eso es imposible, que a todos los niños se les da gallo para comer. Tras un pequeño debate, san Google nos lo ha aclarado. Resulta que yo lo que comía en mi infancia eran "ojitos", no gallos, que, aunque puedan parecer lo mismo, no lo son, como bien nos enseña esta campaña, "En Cantabria se llaman así", de la Asociación para la Defensa de los Intereses de Cantabria:

Esto, a su vez, me ha recordado una antigua lista que tengo olvidada por ahí de bonitas expresiones de la tierruca, con las que intentaba comunicarme inútilmente cuando abandoné aquellos verdes pastos y emigré a la meseta. A ver si la recupero y así tengo material para otro post.