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lunes, 24 de enero de 2011

De lunes

Por si los lunes no fuesen ya lo suficientemente duros, al de hoy se suma una temperatura que te hace anhelar latitudes más cálidas. De verdad, qué dura es la vida.

domingo, 25 de julio de 2010

Fashion victim

Tendría que escribir más a menudo, si no quiero que las tres personas que me leen se aburran y olviden pasarse por aquí de vez en cuando. Pero la idea de que me quedan sólo cinco toques de despertador para irme de vacaciones y dejar la gran ciudad tres semanas enteritas me tiene absorbido el cerebro. Ya sólo puedo pensar en dormir la mañana, ir a la playa, tomar mojitos y dedicarme al dolce far niente.

De hecho, ayer salí con la intención de adquirir unas gafas de sol que protejan mis retinas de la luminosidad gaditana. Intento fallido, por supuesto. Ante el dilema de si comprarme unas Christian Dior preciosísimas o pagar el alquiler del mes, opté por irme a casa con las manos vacías. Esto de ser pobre es una putada.

Como alguien tenía que irse a casa con algo comprado, Sandra, mi asesora en óptica, acabó haciendo uso de las rebajas del Skunkfunk de Fuencarral. Mientras la esperaba fuera del probador sufrí los comentarios reprobatorios de uno de los dependientes de la tienda sobre mi vestido, de esa misma marca, por llevar un modelo "del año de la tana", según él. Intenté explicarle que era un vestido de hacía dos temporadas, comprado allí mismo, pero él insistía en que no, que tenía que haberlo comprado en un outlet (dicho como un insulto), porque a él no le sonaba ese modelo. Tras unas palabras más, salí de allí con la sensación de haber roto alguna regla no escrita.

La próxima vez me veo yendo de compras antes de poder ir de compras, para conseguir la indumentaria adecuada.

sábado, 10 de julio de 2010

Aún quedan tres largas semanas...

Ya sé que me repito, que he hecho referencia aquí hace unos días a los calores que padecemos en la capital del reino, pero no lo puedo evitar, el miedo a la autocombustión se hace más y más fuerte cada vez. Además, parece que todo el mundo ha decidido cogerse las vacaciones en julio este año, lo cual incrementa la sensación de abandono en este lugar de la geografía asfaltado y ardoroso.

Hace ya un año que no me da el sol en condiciones, que no piso la playa ni una triste piscina municipal; si sumamos esto a mi natural dificultad para el bronceado, auguro todo un verano de no quitarme este blanco lechoso que luzco (en realidad, llevo sin lograrlo desde qué abandoné las vacaciones escolares, con sus tres meses de playa, periodo mínimo necesario para que mi piel alcance un ligero dorado). Por eso, a todos los que os estáis bronceando o siesteando debajo de la sombrilla en estos precisos instantes en la playa o la piscina (sí, vosotros sabéis quiénes sois) os quiero decir una cosa: os odio. Dicho desde el cariño, eso sí, pero no deja de ser bien cierto. Estáis lejos, desperdigados por la costa peninsular e insular, pero aun así espero que os lleguen oleadas de este profundo sentimiento de rencor envidioso, pura envidia, que os dedico.

Y, cuando volváis, hablamos.

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El otro día me han recriminado que algo que conté en este blog no era del todo cierto. No dejaba de tener razón la persona que me lo echó en cara, pero yo también tengo razón al recurrir a cuantas licencias poéticas hagan falta. Así que, cuando digo que os odio, tomáoslo como lo que es. Las palabras de alguien que no tiene aire acondicionado en casa. Y que se va a pasar el fin de semana debajo del flexo.

martes, 6 de julio de 2010

Escuela de calor

No son ni las nueve de la mañana y ya estoy sudando como un pollo (curiosa expresión; ¿los pollos sudan?, ¿y las aves en general? Si alguien lo sabe, que se explaye a gusto en los comentarios). Como muchos me consta que estáis igual, aquí van unas imágenes refrescantes para aliviar los calores estivales, que dirían en el telediario. Y para quitar el miedo a la combustión espontánea.



Estos mozos y mozas no pasan ningún calor, eso seguro.

domingo, 4 de julio de 2010

¿Y tú dónde viste el partido?

Ayer, tras un intento fallido de sumarme a los festejos orgullosos, acabé haciendo lo que sabía que haría durante todo el día, pero que no me atrevía a reconocer: ver el partido de España y Paraguay en un bar, copa en mano y gritando cual energúmena por cada tiro de Villa.

Aunque, como dice un Anónimo en los comentarios, tal vez esto sea algo coyuntural, una coyuntura que se da cada cuatro años, lo disfruté como una cría chica. En la inestimable compañía de Mary, callejeamos un rato y acabamos en el Freeway (en donde nunca había entrado siendo de día), que tenía la happy hour instaurada para animar el tema. Allí, rodeadas de lo más moderno de la modernidad malasañera, sufrimos, gritamos y saltamos Brugal en mano. Y celebramos al ritmo de Radio Futura el gol que nos asegura que en unos días, otra vez, habrá partido:



Yo ya sé dónde y con quién voy a ver la semifinal del miércoles. ¿Y tú?

miércoles, 30 de junio de 2010

¿Es grave, doctor?

Voy a hacer un inciso en la crónica escandinava, pero es que desde ayer vivo sin vivir en mí. Anoche tuve una experiencia de esas que te hacen plantearte si no habrás estado equivocada toda la vida en cuanto a tus más profundas convicciones.

Desde siempre he odiado con todo mi ser el fútbol. Su sola visión me producía un aburrimiento exasperante. Creo que todo se remonta a un trauma infantil, cuando mi hermano y mi padre me ignoraban por sistema cada vez que había partido en la tele, y yo acababa aburrida y enfadada en mi habitación (y con algún azote encima) todas las jornadas de liga. Esas cosas marcan, y desde entonces he sido incapaz de comprender el goce y disfrute de todos aquellos que se arremolinan delante del televisor con unas cervezas durante noventa minutos de pelota va, pelota viene.

Tampoco entiendo el sex-appeal que provoca en las féminas la figura del futbolista (ni la del torero, ya que estamos). A mí Raúl, Guti o Casillas me resultan aburridos, sosos y soporíferos. Y las polémicas con Saras Carboneros, Evas González o Aranchas de Benito me la traen al pairo.

Y me indigno con la indignación de mis compañeros de trabajo cuando cada año protestan por gastarse el dinero en los libros de texto de sus hijos, pero que sueltan sin pestañear por su carné del Real Madrid más de 700 eurípides todas las temporadas.

Sin embargo, ayer empecé a ver sin mucho interés el partido de La Roja (¿quién habrá sido el espabilado al que se le ocurrió llamarla así?) y confieso que en el segundo tiempo ya no pude dejarlo e incluso solté algún grito por un gol fallido, me mofé de Cristiano y sus pucheros y aplaudí cuando el árbitro dio fin al encuentro. Y ahora me encuentro pensando que qué bien que en cuartos nos ha tocado Paraguay y cuál será el mejor bar para ir a ver la final.

Estoy francamente preocupada.

miércoles, 2 de junio de 2010

Cuánto daño ha hecho el ácido

Otro signo de que el verano ya está aquí es que mi jefe hace uso de toda una serie de polos de colores ácidos. La gente debería darse cuenta de que, pasada la cincuentena, según qué colores no te favorecen nada nada nada. Hoy le toca el turno al verde.

martes, 1 de junio de 2010

Comienza la estación de estrés térmico

Tras ya unos cuantos años de vida laboral y experiencia en diversos entornos oficinescos, puedo afirmar sin riesgo a equivocarme que uno de los motivos más recurrentes de discusión y desencuentro en este ámbito es el del frío/calor. Siempre hay quien en pleno enero tiene calor y abre puertas y ventanas, y quien se muere de frío en agosto. Hoy es el primer día de aire acondicionado aquí en el universo del autodefinido, y el intento de algunos de llegar a los 18º, cuando en el exterior hace 30º, ya ha dado lugar a los primeros roces de lo que será un verano cuajado de rifirrafes por el control del aire acondicionado.

Y cada año lo mismo.

Porque todos tenemos un pequeño Bill Murray en nuestro interior:



jueves, 25 de marzo de 2010

Basado en hechos reales

¿Alguna vez has ido a hacerte un café y no quedaban tazas limpias? ¿No tienes lavavajillas o el que tienes está lleno y/o en funcionamiento? Sigue estos sencillos pasos, y evitarás estropear la delicada piel de tus manos con el estropajo:
1. Lavavajillas en funcionamiento.
2. Taza sucia en el fregadero.
3. Ganas de tomar un café.
4. No hay ganas de fregar una taza.
5. La taza se llena de agua.
6. Al agua se le echa un chorro de Fairy.
7. La taza se mete en el microondas.
8. La taza se saca del micro y se pone bajo el grifo.
Resultado: se obtiene una taza limpia y se puede hacer un café.

Aunque no lo creas, todo lo que acabas de leer es verídico.